¿Tus métricas de sostenibilidad son sólidas o aspiracionales?
LR
En los últimos años, la sostenibilidad dejado de ser solo un tema reputacional. Hoy es un eje estratégico. Pero esta transición exige algo más que buenas intenciones: requiere datos claros, medibles y accionables. Porque en sostenibilidad, lo importante no es cuánto decimos… sino cuánto podemos demostrar.
Desde mi experiencia como consultora ESG, he podido acompañar a empresas de diversos sectores en la definición de sus indicadores de sostenibilidad. Y una cosa queda clara: los compromisos deben venir acompañados de metodologías robustas que los vuelvan reales, no solo inspiradores.
Una tendencia que observo con frecuencia es el uso de indicadores que describen actividad, pero no impacto. Por ejemplo, se reporta cuántos árboles se plantaron, pero no cuántas toneladas de CO₂ se compensaron, o se mencionan programas de inclusión, pero sin indicadores que midan su efectividad real.
Esto no solo dificulta la gestión interna, sino que deja a la empresa expuesta frente a reguladores, inversores y grupos de interés cada vez más exigentes. Y es aquí donde cobra fuerza una frase que guía mi trabajo diario: “Lo que no se mide, no se gestiona. Y lo que no se gestiona, no se transforma”. Por lo tanto, no se trata solo de tener métricas. Se trata de tener las métricas correctas.
¿Cómo se construyen indicadores sólidos? Se debe medir bien para empezar a gestionar de verdad. Un KPI sólido cumple tres requisitos:
- Trazabilidad: saber de dónde vienen los datos, cómo se recolectan y si son verificables.
- Escalabilidad: que el indicador se pueda aplicar en diferentes contextos o geografías.
- Auditabilidad: que pueda ser revisado por terceros con metodologías claras y responsables definidos.
Alinear los indicadores con marcos como los nuevos estándares europeos (ESRS) o Global Reporting Initiative (GRI) no es solo una exigencia normativa, sino es una forma de profesionalizar la sostenibilidad.
Personalmente, creo que el verdadero valor de las métricas no está solo en el reporte, sino en lo que permiten transformar. Cambiar la lógica de “actividad” por la de “resultado” no es trivial, especialmente en indicadores sociales. ¿Estamos reduciendo brechas? ¿Mejorando condiciones laborales? ¿Contribuyendo efectivamente al medioambiente? Estas preguntas no se responden con intenciones, sino con datos. Por eso es fundamental invertir tiempo y recursos en diseñar KPIs que reflejen la complejidad —y también la oportunidad— de la sostenibilidad.
Las empresas que logran vincular sus KPIs de sostenibilidad con su estrategia de negocio no solo cumplen con regulaciones: toman mejores decisiones. Reducen riesgos. Detectan oportunidades. Y, sobre todo, generan confianza. Por eso, cuando acompaño a una organización a revisar sus indicadores ESG, no me enfoco solo en “qué están midiendo”, sino en para qué lo están haciendo. Porque un KPI sin propósito claro es tan vacío como una promesa sin plan.
¿El primer paso? Hacer un diagnóstico honesto. Mirar tus actuales KPIs con lupa. Preguntarte si realmente estás midiendo impacto, o solo actividad. Y, si no es así, empezar a rediseñarlos. Con metodologías claras, con apoyo experto si hace falta, y siempre, siempre, con foco en la mejora continua.
Entonces, ¿tus métricas de sostenibilidad son sólidas... o solo aspiracionales?
La respuesta puede marcar la diferencia entre un informe ESG más, y una transformación real. Porque medir sostenibilidad no es un fin en sí mismo -es una palanca para gestionar mejor, conectar propósito con resultados y construir un impacto sostenido en el tiempo.