IA sostenible, empresa sostenible: más allá del consumo energético
AR
Cuando hablamos de inteligencia artificial (IA) y sostenibilidad, es habitual pensar inmediatamente en el consumo de energía y agua. Y no es casualidad.
El desarrollo y funcionamiento de determinados sistemas de IA requieren una elevada capacidad de procesamiento y, por tanto, un importante consumo de recursos. La OCDE ha señalado que los sistemas de inteligencia artificial pueden necesitar grandes recursos computacionales y que, para medir correctamente su impacto, es necesario tener en cuenta diferentes dimensiones más allá del consumo energético.
Sin embargo, existe otra cuestión que está cobrando cada vez más importancia: ¿qué ocurre cuando trasladamos la conversación sobre la sostenibilidad de la IA desde los centros de datos hasta las decisiones que ayuda a tomar?
Porque la inteligencia artificial no solo consume recursos. También puede transformar la manera en la que una empresa contrata, evalúa, toma decisiones, vende, comunica y se relaciona con las personas.
El impacto de la IA sobre las personas
Cada vez más empresas utilizan herramientas de inteligencia artificial para agilizar procesos y apoyar la toma de decisiones.
La IA puede utilizarse para seleccionar candidatos, evaluar el rendimiento de los empleados, personalizar contenidos, detectar posibles fraudes, identificar perfiles de riesgo, recomendar productos o incluso intervenir en decisiones relacionadas con la concesión de créditos.
Cuando estos sistemas pueden afectar directamente a las oportunidades o derechos de una persona, conviene plantearse una pregunta fundamental: ¿a quién beneficia esta decisión y a quién puede perjudicar?
Un sistema entrenado con datos históricos puede reproducir sesgos existentes o generar resultados discriminatorios, incluso aunque no haya sido diseñado con esa intención.
Por este motivo, es fundamental evaluar los resultados de los sistemas de IA, realizar controles de posibles sesgos y mantener una adecuada supervisión humana, especialmente cuando las decisiones afectan directamente a las personas.
Gobernanza de la IA: saber qué herramientas utiliza la empresa
La sostenibilidad de la inteligencia artificial también tiene una importante dimensión de gobernanza.
Las empresas deberían conocer qué herramientas de IA están utilizando, qué datos procesan, quién ha autorizado su uso, qué proveedor hay detrás de cada solución, quién supervisa sus resultados y quién asume la responsabilidad cuando el sistema comete un error.
No se trata únicamente de incorporar nuevas herramientas para mejorar la productividad. También es necesario establecer mecanismos internos que permitan controlar cómo se utilizan.
Protección de datos y uso responsable de la IA
Otro aspecto fundamental es establecer criterios claros sobre los datos que pueden introducirse en las herramientas de inteligencia artificial.
La empresa debe determinar quién puede utilizar estos sistemas, qué tipo de información puede compartirse con ellos, cómo se protegen los datos y durante cuánto tiempo se conservan.
Estas precauciones adquieren especial importancia cuando se trabaja con información personal, confidencial o estratégica de la empresa.
Además, es recomendable documentar los usos de IA más relevantes dentro de la organización y revisar periódicamente sus resultados para detectar posibles errores, sesgos o impactos que no se hubieran previsto inicialmente.
¿Qué significa realmente utilizar una IA sostenible?
Hablar de IA sostenible implica mirar más allá de cuánto consume una determinada tecnología.
También significa analizar qué impacto genera sobre las personas, cómo se utilizan los datos, qué decisiones ayuda a tomar y qué mecanismos establece la empresa para supervisar y gobernar su uso.
Esto nos lleva a una conclusión importante: una inteligencia artificial puede ser energéticamente eficiente y, al mismo tiempo, generar problemas importantes desde el punto de vista social o de gobernanza.
Por eso, integrar la IA dentro de una estrategia empresarial sostenible requiere abordar conjuntamente sus impactos ambientales, sociales y de gobernanza. Solo así las organizaciones podrán aprovechar su potencial de forma responsable y coherente con sus compromisos ESG.
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