El riesgo climático ya es riesgo financiero: Cómo integrar el clima en la gestión de riesgos y estrategias empresariales
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En la última década, el cambio climático ha dejado de ser un desafío exclusivamente ambiental para convertirse en una de las principales amenazas para la estabilidad financiera global. Hoy hablamos de eventos climáticos extremos, adaptación, transición energética y riesgo financiero en una misma frase.
Ya no es suficiente debatir sobre emisiones o metas de reducción: el riesgo climático se traduce directamente en riesgo para los balances, la inversión y la viabilidad de los negocios.
¿Qué son los riesgos climáticos?
Los riesgos climáticos son aquellas amenazas derivadas del cambio climático que pueden afectar negativamente a una organización, tanto en sus operaciones como en su desempeño financiero.
Se clasifican generalmente en dos grandes categorías:
1. Riesgos físicos: Son los daños directos que provocan los eventos climáticos extremos o los cambios a largo plazo en las condiciones ambientales, tales como inundaciones, incendios, tormentas, sequías, cambios en los patrones de temperatura, aumento del nivel del mar, entre otros.
2. Riesgos de transición: Son los impactos económicos, legales o reputacionales derivados del proceso de transición hacia una economía baja en carbono, tales como cambios en la legislación ambiental, alteraciones en las preferencias de los consumidores, inversores que panlizan modelos intensivos de emisiones, costes de adaptación a nuevas exigencias, entre otros.
¿Por qué el riesgo climático es también un riesgo financiero?
Un riesgo climático, como una ola de calor, inundación o sequía prolongada, afecta directamente:
- La operatividad de instalaciones (cortes de producción, daños a infraestructura).
- La calificación de activos seguros (cuando inmuebles o tierras pierden valor por exposición al clima).
- Los costes de seguros (que se disparan con cada nueva ola de siniestros).
- Las decisiones de inversión (los inversores requieren datos de riesgo climáticos para decidir dónde asignar capital).
Por ejemplo, los impactos físicos del clima están empezando a reflejarse de manera directa en los estados financieros de compañías e instituciones, lo que antes se consideraba una externalidad ahora se recopila como un dato económico relevante para los mercados.

El cambio climático deja de ser un tema “ambiental” y pasa a la columna de riesgo
Muchos líderes empresariales y financieros ya reconocen que:
“El riesgo climático debe tratarse como cualquier otro riesgo sistémico dentro de la gestión de carteras.”
Esto implica que las empresas deben integrar el riesgo climático en sus procesos normales de evaluación de riesgos y toma de decisiones, exactamente igual que se hace con el riesgo de mercado, de crédito o de liquidez.
¿Qué significa esto en términos prácticos?
1. Exposición física al clima y pérdidas económicas: Los fenómenos climáticos extremos, como huracanes, incendios, inundaciones, olas de calor, etc. están ocurriendo con mayor frecuencia e intensidad, lo que no solo generan pérdidas humanas y ambientales, sino generan pérdidas económicas sustanciales que afectan activos físicos destruidos o dañados, aumentos significativos en primas de seguros, interrupciones en cadenas de suministro e incertidumbre en precios de materias primas y producción.
2. Riesgos de transición: Además del impacto físico, existe el llamado riesgo de transición, que se traduce en las pérdidas o ajustes económicos que surgen de la transición hacia una economía baja en carbono. Esto puede incluir: i) cambios regulatorios y fiscales (como impuestos al carbono o eliminación de subsidios), ii) revalorización de activos “carbon-intensos” (quedan obsoletos o pierden valor), y iii) desplazamiento de capital hacia sectores sostenibles.
Ambos riesgos (físicos y de transición) tienen implicaciones profundas para los modelos financieros tradicionales.

Normativa y divulgación de riesgos: ¿qué está cambiando?
Las exigencias de divulgación de información relacionada con el riesgo climático están en pleno auge, impulsadas por reguladores, inversores y mercados internacionales. Los últimos cambios relativos al tema pueden resumirse a:
- Reportes más exigentes sobre exposición climática en estados financieros.
- Requerimientos de divulgación integrados en estándares contables globales.
- Expectativas de transparencia sobre estrategias de adaptación y mitigación.
En un entorno regulatorio aún incierto, muchas empresas están adelantándose para demostrar que gestionan el riesgo climático de forma robusta y que no subestiman su impacto en su hoja de balance.
¿Qué implica esto para las empresas?
Para que una empresa gestiona el riesgo climático como un riesgo financiero real, debe:
1. Incorporar el clima en la gestión de riesgos corporativos: Identificar qué activos, operaciones y flujos de ingresos son vulnerables a eventos climáticos o a cambios en la regulación ambiental.
2. Adoptar métricas y modelos adecuados: Utilizar escenarios climáticos en análisis financieros, aplicar métricas que incluyan factores de transición y evaluar el impacto de distintos escenarios de temperatura o políticas de carbono.
3. Reportar de forma transparente: La divulgación no es solo una cuestión ética, es una exigencia creciente de inversores e instituciones financieras que exigen conocer la exposición climática de las empresas en las que invierten.
4. Preparar estrategias de adaptación y mitigación: No basta con evaluar el riesgo; las empresas deben definir y ejecutar acciones concretas para reducirlo, como inversiones en infraestructura resiliente, diversificación de activos o cambios en su mix energético.
Conclusión: el cambio climático está en los balances financieros
Hoy ya no podemos hablar de sostenibilidad ambiental sin hablar de finanzas y estrategia empresarial. El riesgo climático está siendo internalizado por mercados, reguladores y compañías, y aquellos que no integren estos factores en sus modelos de gestión enfrentarán no solo pérdidas económicas, sino la posibilidad de quedar fuera de mercados competitivos.
Reconocer que el riesgo climático ya es riesgo financiero es el primer paso para construir organizaciones más resilientes, sostenibles y preparadas para un futuro incierto.
