Empresas y descarbonización: actuar por el objetivo de 1,5 °C

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Sep 23, 2026Por Gonzalo Albino

El cambio climático ya no es un escenario futuro. El aumento de las temperaturas, las sequías, las inundaciones, los incendios forestales y otros fenómenos climáticos extremos evidencian los efectos de un calentamiento global que avanza a un ritmo preocupante.

En este contexto, la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) se ha convertido en una responsabilidad compartida entre gobiernos, sociedad y empresas. Para las organizaciones, avanzar hacia la descarbonización empresarial es cada vez más importante para afrontar los retos climáticos, regulatorios y económicos de los próximos años.

El último Informe sobre la Brecha de Emisiones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) vuelve a poner esta cuestión sobre la mesa: los compromisos climáticos actuales todavía no son suficientes para mantener el calentamiento global dentro del objetivo establecido por el Acuerdo de París.

El objetivo de 1,5 °C está cada vez más lejos


El Acuerdo de París establece el objetivo de limitar el aumento de la temperatura media mundial a muy por debajo de 2 °C respecto a los niveles preindustriales, realizando esfuerzos para limitarlo a 1,5 °C.

Sin embargo, el Informe sobre la Brecha de Emisiones 2025 estima que, incluso si los países cumplieran completamente sus actuales Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), el planeta se encaminaría hacia un calentamiento de entre 2,3 y 2,5 °C durante este siglo.

Si se mantienen únicamente las políticas actualmente vigentes, la proyección alcanza aproximadamente los 2,8 °C.

Además, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero alcanzaron en 2024 aproximadamente 57,7 gigatoneladas de CO₂ equivalente, un 2,3 % más que el año anterior. Estos datos muestran que la reducción de emisiones no está avanzando a la velocidad necesaria.

¿Cuánto deberían reducirse las emisiones?


El PNUMA estima que, para situarnos en una trayectoria compatible con limitar el calentamiento global a 1,5 °C, sería necesario reducir las emisiones anuales aproximadamente un 55 % respecto a los niveles de 2019 para 2035.

Para una trayectoria compatible con los 2 °C, la reducción necesaria sería del 35 %.

El margen de actuación es, por tanto, cada vez más reducido y exige acelerar las medidas de mitigación en todos los sectores de la economía.

¿Qué papel tienen las empresas en la reducción de emisiones?


Aunque los objetivos climáticos internacionales se articulan principalmente a través de los compromisos de los Estados, las empresas desempeñan un papel fundamental en su consecución.

Las organizaciones participan directamente en actividades que generan emisiones: consumo energético, transporte, producción, climatización, utilización de combustibles, adquisición de bienes y servicios o gestión de residuos, entre otras.

Además, sus decisiones de inversión, compra y producción pueden influir en las emisiones generadas a lo largo de toda su cadena de valor.

Medir la huella de carbono: el primer paso


La acción empresarial no debería limitarse a compensar emisiones o comunicar compromisos climáticos. El primer paso para desarrollar una estrategia efectiva consiste en conocer y medir las emisiones reales de la organización.

El cálculo de la huella de carbono empresarial permite identificar de dónde proceden las emisiones y determinar qué fuentes presentan un mayor potencial de reducción.

Para ello, resulta fundamental analizar tanto las emisiones directas como las asociadas al consumo de energía y, cuando sea relevante, aquellas generadas a lo largo de la cadena de valor.

De medir a reducir: crear un plan de descarbonización


Medir la huella de carbono es necesario, pero no suficiente.

Una vez identificadas las principales fuentes de emisiones, las empresas pueden establecer un plan de reducción y descarbonización con objetivos concretos, medidas, responsables, indicadores y plazos.

¿Cómo puede una empresa reducir sus emisiones?


Entre las principales actuaciones que pueden contribuir a la reducción de emisiones se encuentran:

  • Mejorar la eficiencia energética.
  • Electrificar procesos y flotas.
  • Contratar electricidad procedente de fuentes renovables.
  • Reducir el consumo de combustibles fósiles.
  • Optimizar los desplazamientos y el transporte.
  • Mejorar la eficiencia de edificios y equipos.
  • Incorporar criterios climáticos en las compras.
  • Trabajar con proveedores comprometidos con la reducción de emisiones.


La estrategia debe priorizar, siempre que sea posible, la reducción efectiva de las emisiones frente a una dependencia exclusiva de los mecanismos de compensación.

Además, las empresas pueden acelerar la transición mediante sus decisiones de inversión, innovación y financiación. El PNUMA destaca que existe un importante potencial de reducción mediante tecnologías y soluciones ya disponibles, especialmente en ámbitos como las energías renovables y la reducción de determinados contaminantes climáticos.

La cadena de valor también forma parte de la descarbonización


Uno de los principales retos para las organizaciones consiste en avanzar más allá de las emisiones producidas directamente dentro de sus instalaciones.

En muchos sectores, una parte significativa de la huella de carbono puede encontrarse en la cadena de valor: materias primas, proveedores, transporte, viajes de negocio, productos adquiridos, distribución o utilización de los productos, entre otros.

Trabajar con proveedores para reducir emisiones


La descarbonización empresarial requiere progresivamente una visión global.

Trabajar con proveedores, establecer criterios ambientales en las compras, optimizar la logística y colaborar con clientes y otros grupos de interés puede generar reducciones que una empresa difícilmente conseguiría actuando únicamente sobre sus propias instalaciones.

Por ello, integrar los criterios climáticos en la cadena de suministro se convierte en una parte fundamental de cualquier estrategia de reducción de emisiones a largo plazo.

Reducir emisiones también mejora la resiliencia empresarial


La descarbonización empresarial no solo contribuye a combatir el cambio climático. También puede fortalecer la capacidad de las organizaciones para afrontar sus consecuencias.

La transición hacia modelos más eficientes y menos dependientes de los combustibles fósiles puede contribuir a reducir determinados costes, mejorar la eficiencia energética y disminuir la exposición a la volatilidad de los precios de la energía.

Al mismo tiempo, identificar los riesgos climáticos permite anticiparse a posibles interrupciones de las operaciones, daños en infraestructuras, problemas de suministro o cambios regulatorios.

Cada fracción de grado importa


El PNUMA advierte de que superar temporalmente los 1,5 °C será probablemente inevitable en la próxima década, pero también subraya que limitar ese rebasamiento y reducir rápidamente las emisiones sigue siendo fundamental.

Cada fracción de grado de calentamiento que pueda evitarse contribuye a reducir los riesgos y daños asociados al cambio climático.

Por eso, aunque alcanzar el objetivo sea cada vez más complejo, acelerar la reducción de emisiones continúa siendo esencial.

Del compromiso climático a la acción empresarial


El mensaje para el sector empresarial es claro: ya no basta con establecer objetivos climáticos; es necesario convertirlos en acciones medibles.

Una estrategia de descarbonización puede estructurarse en cuatro pasos fundamentales:

1. Medir


Calcular la huella de carbono e identificar las principales fuentes de emisiones de la organización.

2. Establecer objetivos


Definir objetivos de reducción coherentes con la actividad de la empresa y establecer indicadores que permitan medir su evolución.

3. Reducir


Implementar medidas concretas de eficiencia, electrificación, energías renovables, movilidad sostenible, optimización de procesos y gestión responsable de la cadena de suministro.

4. Hacer seguimiento


Evaluar periódicamente los resultados, medir los avances y ajustar el plan de descarbonización cuando sea necesario.

El desafío climático es global, pero muchas de las decisiones que pueden acelerar la transición se toman también a escala empresarial. Cada organización que reduce su consumo energético, electrifica su flota, mejora sus procesos, transforma su cadena de suministro o apuesta por energías renovables contribuye a reducir las emisiones acumuladas.

La descarbonización empresarial ya no puede esperar


El objetivo de 1,5 °C se encuentra bajo una presión sin precedentes. El último informe del PNUMA advierte de que mantenerlo será extremadamente difícil, pero también señala que actuar sigue siendo imprescindible para minimizar el calentamiento y mantener abierta la posibilidad de regresar a 1,5 °C antes de final de siglo.

Para las empresas, la conclusión es clara: la descarbonización ya no es únicamente una cuestión ambiental. Es también una responsabilidad y, cada vez más, un elemento estratégico para construir organizaciones competitivas, resilientes y preparadas para la transición hacia una economía baja en carbono.

¿Está tu empresa preparada para reducir sus emisiones?


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